El ciberamigo Hughes -al que ya he estado a punto de conocer un par de veces pero no está de Dios (Momo)- manda un particular balance de Carnaval. Le acabo de descubrir como columnista y le tengo por el mejor tuitero que tengo, por un inventor de frases que me alegra tener cerca, siquiera por cable. Aunque mantengo con él unas, ocasionalmente siderales, diferencias ideológicas, las llevamos con esa elegancia del tumbao que tienen los guapos al caminar.
No he podido resistir las ganas de convertir en entrada su visión de unos días de Carnaval porque, asombrosamente, su presunta mirada novata coincide con la de muchos que vemos esto desde pequeños. Así que, además de agradecérselo, como los mensajes de Carnaval (con corazón de novelero al que le encanta conocer gente) y enviarle un abrazo, lo pego aquí. Yo, mañana, meteré otra entrada con mi opinión que, por cierto, coincide mucho, así que puede ser hasta redundante.
El domingo, la doble página que me han pedido en el periódico, seria, aburrida, plomiza y (risas) sesuda. Pondré el enlace, no todas las letras, no te va a doler.
El Carnaval según Hughes
En primer lugar, espero que todo te vaya benne, o como diría el Pellejo, dándose golpes en los pectorales de gym, que ti vayi bonito e bene nella città di Cadini.
Llevo ya unos años semiviviendo en Cádiz, casi con frecuencia alemana de segunda residencia, pero poca experiencia carnavalera. Viví unos hace dos años pero fue como no vivir nada, sólo recuerdo al Canijo saliendo de las brumas de la manzanilla.
De Cádiz me han gustado siempre los palos flamencos, pero tenía una cierta prevención con lo carnavalero -tonta, porque está tan relacionado…-. Esa gracia obligatoria de algunos oriundos pensaba yo que se me podía atragantar. Luego es curioso, porque en términos de Carnaval soy chirigotero y considero a ‘Los enteraos’ arte literario. Los coros y las comparsas y su romanticismo un poco chovinista me gustan, sí, pero menos.
Creo, aunque soy muy ignorante en este tema, que el autor, el AUTOR con mayúsculas en este arte carnavalero es el que no lo parece, o el que lo parece menos. Lo menor, lo popular, lo más fino me gusta más que lo que resuena mucho o que la ambición temática.
Vi la Final del Falla y salvo El Selu, al que considero un talentazo, y los chispazos del Lobe, chipazos sin ese cuajo de mirada total y tipo redondo que para mí tiene el primero, salvo ellos lo demás fue algo decepcionante.
Lo de los cuartetos creo que hay que ser de aquí para valorarlo y en mi forasterío no tengo aún la sensibilidad para cogerles el punto. Entendería que alguien, alguna vez, se levantase del asiento y disparase a los cuarteteros uno por uno, como si fuera un crimen pasional.
El caso es que este año he descubierto la razón de que a mucho gaditano le guste más lo ilegal que el propio COAC. Pensaba yo que era el postureo del que ya está de vuelta, pero no. He visto algunas cosas maravillosas y he disfrutado especialmente el ingenio femenino, tanto que le tenía que decir a mi novia que me atase porque era para pedirle el teléfono a todas.
No se rien de todo, del 12 y del ayuntamiento, de Urdanga y del lucero del alba. Se ríen además de los tíos, de nosotros, y eso ya es irresistible.
Eran como las de Sexo en NY, pero en grasiosas.
Vengo yo soltero al Carnaval y me lío con una chirigotera sí o sí, por fea que fuera. Vamos, si se dejan ellas, claro.
Mujeres aparte, me quedo con ‘Los jinetes de la pocacrisis’, que tienen unos cuplés enormes. Tienen más finura de la habiutal, casi citando a Les Luthiers o al Tricicle. Una cosa superior, en mi modesta opinión.
Destaco la extraña abundancia del tipo ‘buzo’ en las ilegales y la abundancia de referencias a Urdangarín y Canales, que ya no sabe uno si el del pilonazo fue el Duque y al otro le pillaron con la pasta. Eso y el vaporcito, claro.
Algunos chirigoteros travestidos se gustan tanto que… uno parecía La Maña en El Paralelo. Es que ponerse a ser tía es lo que tiene, que le coges el gusto a mariconear y sentirte Lady Gaga y ya te desatas. La calle Libertad y su exhibicion de modeluquis a lo MYHYV, otro recuerdo inolvidable. La calle Libertad y las botellas de manzanilla y el olor a frescura del Merodio, que es como una mujer en plena salvajura.
Y algunas cosas podría contarte de hostelería, pese al barrerío de estos días. A ver si mañana.
Un abrazo, signore, e molta fortuna e abracci a usté e a tutti i lettori caditani o no caditani e salute e forsa.

No hay repuestas